El abrazo de una madre en una noche de invierno

Seguimos viaje por Japón “de la cuchara” de nuestra cálida anfitriona, la sopa miso o misoshiru (味噌汁). Viajaremos desde Tokio, siguiendo parte de la ruta Kōshū Kaidō, hasta un hermoso pueblo de montaña que esconde un increíble lugar donde poder disfrutar de una nutritiva y reconfortante sopa miso que como diría nuestro jefe de cocina es “el abrazo de una madre en una noche de invierno”😁

La sopa miso es un plato muy tradicional de la gastronomía japonesa que podemos encontrar en los hogares nipones a cualquier hora del día, incluso en el desayuno, emanando su embriagador aroma. Es muy sencilla de elaborar, se mezclan la pasta de miso con el caldo dashi y se le puede añadir otros ingredientes como almejas, pescados, verduras de temporada, alga wakame, tofu y fu (gluten de trigo).

En las comidas familiares, se sirve en un cuenco de madera (wan) y se consume junto con otros platos como arroz, un plato proteico y una guarnición de verduras. Hay que tener en cuenta que se toma sorbiendo y nos ayudaremos con los hashi (palillos) para comer los ingredientes sólidos.

El miso es una pasta fermentada que se elabora con soja, arroz o cebada, mezclados con kōjikin (hongo con el que se inocula el cereal dando lugar al kōji) y sal. Es un condimento muy tradicional y fundamental de la cocina japonesa, con muchas variedades según zonas o ingredientes utilizados; no nos enrollamos más pues muy pronto le dedicaremos un post en nuestro blog.

En nuestro anterior GastroPost (Shichimi tōgarashi) nos quedamos en Edo (antiguo Tokio) allá por el 1625, en los inicios del período Edo (1603-1867), una época de prosperidad y paz de la historia de Japón. Como os dijimos al principio, desde allí viajaremos hasta Hayakawa, un pequeño y precioso pueblo de montaña rodeado por los Alpes del Sur, donde se esconde nuestro premio final; pasando por el Lago Kawaguchi donde en los días claros y soleados se puede ver reflejado en sus aguas el monte Fuji, lugar sagrado y fuente de inspiración artística.

Pintura de Katsushika Hokusai. El Monte Fuji reflejado en el Lago Kawaguchi

¿Habéis oído hablar del sistema de asistencia alterna (sankin kōtai)? Durante el periodo Edo se establece este sistema de control por el que los diferentes terratenientes samuráis debían alternar su residencia cada año entre Edo y sus dominios. Debía ser increíble ver ese viaje a pie con toda la comitiva transportando enseres, personas, alimentos, etc. durante kilómetros y kilómetros. Se crearon cinco rutas oficiales para este propósito y nosotros estamos siguiendo parte de una de ellas, Kōshū Kaidō, pero solo hasta el pueblo de Ōtsuki pues luego nos desviaremos hacia el Lago Kawaguchi para poder disfrutar de las increíbles vistas del Monte Fuji.

Seguimos con nuestro coche rumbo a Hayakawa, pasando por otros 3 lagos más que también se crearon por las erupciones del Fuji. No tenemos tiempo de parar pero queda en nuestra retina y pendiente para futuros viajes.

¡Bueno, venga, os desvelamos el secreto! Queríamos disfrutar de una sopa miso en un lugar especial y pensamos en un ryōkan. Un alojamiento tradicional japonés con un origen muy, muy antiguo que fueron creados en su momento para dar cobijo de manera gratuita en esos viajes de antaño tan peligrosos. Han ido evolucionando con los tiempos hasta convertirse en lugares de lujo donde poder disfrutar de baños termales (onsen), decoraciones tradicionales, entornos naturales únicos y de una comida de alta cocina que realza las estaciones del año con productos de temporada (kaiseki ryōri) con la que deleitar todos tus sentidos.

Parte de nuestros viajes corren a cargo de la imaginación, la cual es libre y sobre todo gratis 😁, así que hemos elegido un ryōkan de 5 estrellas, Nishiyama Onsen Keiunkan, el hotel más antiguo del mundo fundado en el año 705, dirigido desde entonces por la misma familia, 52 generaciones ¡alucinante! Situado en un recóndito lugar entre las montañas con una fuente termal que lleva funcionando desde entonces y que, hasta el hábil guerrero samurái, Tokugawa Ieyasu, uno de los “tres grandes hombres” de la historia japonesa y fundador del periodo Edo, eligió como lugar de descanso y recuperación.

Por fin el momento deseado, con nuestros ojos entreabiertos, sostenemos un cuenco de sopa miso que nos han servido con esa meticulosidad y amabilidad para finalizar el menú kaiseki junto con un bol de arroz, y un platillo de encurtidos. Sentimos el calor entre nuestras manos y sorbemos, dejando que ese calor e intenso sabor recorran nuestro cuerpo, mmmm, ¡deliciosa!

De repente al abrir nuestros ojos estamos sentados en Fubuki disfrutando de la versión más popular de esta sopa con daditos de tofu, alga wakame y cebollino 😉😋

Nos encanta la magia de la imaginación, ¿y a vosotros?

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